Presentación
La
FARMACIA del CALL
Por
Juan Segura García
I
- El breve resumen de una larga historia.
Aunque hay indicios de que podrían
haber llegado con anterioridad, se cree
que los primeros judíos que llegaron a Mallorca, lo
hicieron durante la conquista romana, que duró
hasta el Siglo V de nuestra era.
El barrio palmesano en el que
instalaron su judería recibió el nombre de “Call”,
descrito como una maraña de callejuelas que durante más de mil años
acogió a los judíos que iban llegando a la Isla desde diferentes
partes del Mundo.
La historia de los judíos
mallorquines, tiene la triste particularidad de que tras las últimas
conversiones forzadas por la Inquisición catalana-aragonesa a
finales del Siglo XVII, una parte de aquellos conversos, actualmente
conocidos de forma despectiva como “chuetas”, continuaron siendo discriminados por el
resto de la sociedad mallorquina, viéndose obligados a permanecer durante siglos, en
un “Call”, más espiritual que geográfico, que mantuvo muy
limitadas sus posibilidades sociales y laborales hasta mediados del
Siglo XX.
La marginación sufrida por este
colectivo, junto al apego a sus ancestrales costumbres, hizo que el conocimiento
del oficio en algunas profesiones, llegara a ser muy superior al del
resto de los mallorquines, llegando incluso a ser apreciados
internacionalmente.
Al estar las comunidades judías y musulmanas, integradas por gentes de origen muy diverso, sus médicos heredaban y compartían un buen número de remedios curativos que habían sido atesorados
desde los tiempos de Moisés. Junto a los viejos conocimientos
orientales, los galenos de ambas culturas, estudiaron también las anotaciones recogidas durante su Diáspora africana.
Este magistral bagaje, se fue ampliando en las incipientes facultades de
medicina y cirugía creadas a lo largo del Mediterráneo; de ésta manera, los conocimientos médicos se
veían revisados y mejorados continuamente por la metódica labor de
los primitivos boticarios del “Call”, que anotaban y
confrontaban sus experiencias con el afán de transmitirlas a los jóvenes seguidores de la tradición.
Miembros de La Comunidad del Call, recordaban, con
cierto orgullo, la cantidad de pacientes “antisemitas”, que optaban por ser atendidos a escondidas, por alguno de aquellos médicos, o
boticarios...
A
principios de los años 60 del Siglo XX, falleció en Palma Don
Arturo Segura Piña, uno de los últimos farmacéuticos del “Call”, hermano de mi abuelo Eugenio, e inspirador de éste proyecto. Su precisión preparando remedios, atraía hasta su laboratorio gentes de todos los puntos de la Isla. Su hijo, también farmacéutico y también Arturo,
murió joven y sin descendencia. Con su precoz fallecimiento,
sucumbió una de las estirpes de boticarios más antiguas de la
historia, que tan fielmente había transmitido aquella
milagrosa sabiduría.
La última “Farmacia del Call”
cerró sus puertas a principios de los años 80 del Siglo XX, siendo
en aquel momento, la farmacia más antigua del Mundo, tras permanecer abierta en la misma judería, durante más de mil
quinientos años.
II - La
Reapertura.
Actualmente hay remedios y alivios para
la mayoría de males; cuando no se hallan entre los fármacos
tradicionales, se encuentran en la trastienda de algún curandero;
incluso hay remedios que permanecen en la mente de algunas personas
mayores, que por su capacidad de observación y memoria, los conservaron a
merced de quién pudiera necesitarlos.
La
reapertura de “La Farmacia del Call” es un proyecto que pone a disposición toda una serie de conocimientos filosóficos antiguos y modernos, para lograr remedios eficaces en el tratamiento de ciertos trastornos que no encuentran solución en las terapias
TRADICIONALES, ni en las consideradas ALTERNATIVAS.
Los remedios que se investigan en la
actual “Farmacia del Call” son FILOSÓFICOS, incluso
espirituales, pero alejados de toda superstición, pues en ella se halla el origen de muchos males.
El progreso va incorporando nuevas
fuentes de sufrimiento y también de alivio; así pues, “La Farmacia del Call” aporta la creatividad y el esfuerzo necesarios para estudiar también los males
actuales, confiando en que puedan resolverse con remedios
filosóficos, a menudo milenarios.
¿Por qué no..?
¿Por qué no..?